EL ALTO DE BOLIVIA

Recordando uno de los viajes que ha cambiado profundamente el modo de ver mi vida -y la de los/las otros/as-, he encontrado esta imagen tomada en El Alto, ciudad constituída principalmente por aymarás, en la que se puede observar la otra ciudad: La Paz, ciudad mestiza, fruto del contacto entre diversas culturas y cubierta de una bruma particularizante y asimiladora de la diferencia étnica. Más allá se encontraba la ciudad blanco-criolla la cual no tuve oportunidad de conocer, y en ese momento ni falta que me hizo, considero que las clases dominantes en las diferentes partes del mundo intentan, a su manera,  parecerse a ese ideal europeo en el que la forma prevalece sobre la esencia. Estabamos alojadas en un “hostel” bastante barato en la parte mestiza de la ciudad cuando decidimos continuar el viaje en dirección a Copacabana -una de las principales localidades ribereñas del lago Titicaca- y bautizada por la Conquista con este nombre en un intento de traducir el nombre pre-colombino Copakawana (deidad cuya adoración favorecía principalmente la fecundidad); y la que por otro lado, diferentes viajeros nos habían recomendado visitar.  La parada anterior y obligada era El Alto, pues de allí partían los autobuses hacia nuestro próximo destino. Rodeadas de autobuses, taxis y un cementerio que enmarcaba el escenario en el cual tomé la fotografía que cito, las casetas prefabricadas de los “adivinadores” instaladas en la puerta del sacramental daban cuenta de una multiplicidad de rasgos culturales que articulaban (y articulan) las relaciones sociales de los allí vivientes. “Leemos cartas, llamamos animos niños y adultos, coca en vena” […] decían algunos de sus carteles por demás curiosos para la vista de los/las circunstanciales viajeros/as. El lugar que estaba transitando fue -y sigue siendo- el espacio geopolítico y simbólico central del movimiento político indígena boliviano de los últimos años, allí, nos encontrábamos entre las incontables flores, puestos de comida ambulante, inumerables medios de transporte, el Mercado 16 -cuyo comentario merece texto aparte- , y por sobre todas las cosas transmigrantes de ida y de vuelta entre “lo campesino” y lo “urbano”. En este lugar durante las últimas décadas se ha venido generando una forma particular de manifestar la (s) identidad (es) y para ello se utiliza el castellano y el aymará, y  que muchos gobernantes e intelectuales han venido a llamar “movimientos rurales/urbanos” o “movimientos indígenas” o incluso “etno-populares”. Empero, en pleno siglo XXI quizás no importe tanto el término que utilicemos para llamar a este fenómeno de desterritorialización de lo étnico, como comprender que la (s) identidad (es) se manifiestan en un continuum que no entiende de fronteras políticas, económicas, sociales y mucho menos territoriales.

#Bolivia #identidades

Fuentes:-Bengoa J. (2009)  “Una segunda etapa en la emergencia indígena en América Latina”. Cuadernos de Antropología Social Nº29. UBA. -Imagen propia.

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